Hasta hace poco habíamos comprado, para nuestra tranquilidad y a un precio muy alto, la idea de que la cultura solo estaría a salvo en manos de expertos. Habíamos confiado a una élite, formada en su mayoría por grandes grupos de la industria cultural, no sin un gran beneficio para ellos mismos, para que se encargaran de hacernos llegar aquello que valía la pena ser visto, leído, o escuchado, en resumen, lo que debía pasar al acerbo cultural con el que se construye nuestra identidad.

Afortunadamente, el mito empezó a caer en cuanto más estructural fue siendo nuestra comprensión del alcance de las redes,. ¿Cuántas obras maestras han visto la luz? ¿ Y Cuantas no lo han hecho? En los últimos años la  música, los libros, las muestras de arte, han visto multiplicado su numero. También su calidad. En cuanto el poder de la distribución de las ideas estéticas ha pasado de las grandes discográficas al propio artista en tándem con su oyente, la que gana es la cultura.

 

Cuando la creatividad no se ve ahogada

o directamente cercenada, por las decisiones de unos pocos “expertos”, la música crece.  La democratización de la distribución permite la emergencia de nuevos artistas que, gracias a su independencia, producen un aumento en la calidad, y la cultura se enriquece.

La sublevación ha empezado por la música. Le sigue el cine.; la literatura, con los blogs,; el teatro, con su formato micro. Todo son muestras del auge de la democracia cultural.

Ahora la responsabilidad es nuestra  Para ello es necesaria la independencia de papá que nos marca el camino. Es hora de asumir la mayoría de edad de la sociedad, y no dejar en manos de otros lo que debemos hacer nosotros.  Las mayores lecciones de humanidad las da la guerra y al arte. Aprendamos pues, ahora en este mundo en el que pugnan ambas por la hegemonía .¿Cómo queremos que sea el mundo?

 

Jaume Carreras