Permitidme que cite a Volatire: ”Nunca podremos destruir los abusos que por desgracia se consideran necesarios para el mantenimiento de los estados (…). Tales abusos son el patrimonio de tantos hombres poderosos que son ya mirados como leyes fundamentales”.  Y termina su razonamiento depositando la esperanza en la educación de los jóvenes que puedan tener algún día alguna intervención en el devenir histórico. De esto hace ya más de dos siglos y nada ha cambiado.
Si no luchamos por nuestros derechos nadie lo hará por nosotros, porque lo que beneficia a los poderosos es lo que perjudica a los humildes. El poder se alimenta del miedo de las masas. Porque el miedo genera angustia y paraliza la reflexión. Y, como bien sabía Voltaire, la reflexión es el gran enemigo del poder, porque al cuestionar su imagen nítida, crea su sombra. Por eso tantas buenas ideas han ardido en tantas hogueras.

No nos engañemos, no hay un sistema que beneficie a todos por igual.  En un mundo en donde los bienes son finitos, lo que unos ganan otros lo pierden. Y siempre lo pierden los mismos.

Mientras el miedo genere beneficios, viviremos en el terror perpetuo.