Un día sus destinos de cruzaron. El de Lorca y el de su tierra.  Fue tan solo un instante, unos años para él, unos segundos para ella. Pero ambos se enamoraron al coincidir el cuerpo del hombre y la sombra dibujada en la hacienda. Lorca decidió cantar su genio, y ella le dio voz para su épica. No la decepcionó. Se erigió en poeta de sus ancestros, de los pobladores de la Iberia vieja, proyectando un canto hondo con sus voces rotas. ¡Canta hondo Lorca, hasta el mismo vientre de la tierra!, para que expulse con su lava las cenizas de las miserias. !Purga la tierra con tus coplas!, gritaron. Y en un ara puso a su amada pero sangrientas fueron sus bodas. Mocedades terminadas antes de germinar el poema.

Desde lejos te lloramos para que con nuestros quejíos puedas, donde estés, terminar el poema.

 

*Foto de Adriel Kloppenburg