Hablando se entiende la gente. O no. Se entiende siempre y cuando se utilice la misma lengua. Falso. Debajo de las meras palabras están sus significados. Y luego estamos nosotros para interpretarlos. Y no es tarea fácil, debido al hiperbólico incremento del uso de las metáforas esquematizadora, derivadas del precocinado conocimiento que nos sirven en cápsulas y sin anestesia los políticos y los medios de comunicación. Si mi vecina de 90 años me dice que me quiere esbozando una sonrisa en su rostro cuando me la encuentro en el ascensor, en ningún caso interpretaré que se ha enamorado de mí. ¡Dios me asista! Deduciré del contexto que me está agradecida por no aporrear mi piano hasta altas horas de la madrugada como venía haciendo días antes en arrebatos nocturnos de inspiración. Su buen humor, motivado por un placentero e ininterrumpido descanso, le ha hecho soltar el apasionado slogan “Te quiero”, que tanto cuesta soltar al sincero enamorado y de tan frecuente uso para las empresas de telefonía…. Mi razonamiento ha soslayado la catástrofe. Pero ningún otro espectador, fuera de mí o de mi vecina, podría haber llegado a la conclusión acertada sin antes imaginar un despropósito. De ello deduzco que el diálogo necesita no solo de una misma lengua, sino de un contexto común. La verdad es ella y sus circunstancias.

“En Kenia se producen atroces enfrentamientos entre tribus”: decía hace un par de años la televisión (porque resulta que la televisión habla por si misma. No los periodistas ni reporteros, no. La Televisión ha hablado. Amen), expresión esquematizada de una lejana realidad. África es igual a conflicto eterno, tribus enfrentadas, actos atroces, corrupción, niños hambrientos, pateras… Africa es Ruanda, Sierra Leona, Darfur…Pero ya nos hemos olvidado porque no aparecen en las noticias. Mientras ponemos el croisan en la plancha hemos pasado todo un continente por el “turmix” y hemos obtenido una papilla fácil de digerir por nosotros los occidentales, para que no se nos indigeste. No importan las causas, el contexto. Lo importante no es lo que hay sino lo que se dice. Lo importante de África no es África sino su imagen. Y ahora Africa es alegría porque hemos ganado el mundial. El lenguaje mediático enfatiza la lejanía cuando conviene, se regocija en dolor experimentado de forma vicaria, esboza los hechos, y, por encima de todo, nos exculpa del sufrimiento ajeno, porque hemos marcado un gol en la final. Nos redime a cambio de una lágrima. El error esta en el lenguaje, sí, pero somos nosotros los que tenemos la palabra.

 

*Foto de Mohammad Yearuzz