Siete veces quisieron matar al gato. De siete ciudades lo echaron a pedradas, pero éste era un gato muy escurridizo y sobrevivió a una octava para contar cómo lo habían intentado las siete anteriores.  Pues nadie quiere a un gato que ve en la oscuridad, porque allí es donde transcurre la mayor parte de la vida del hombre.  Y ese gato podría ponerse los calzones que alguien olvidó en el tendedero del colectivo del barrio, y airear las vergüenzas en su paseo matutino por los arrabales de la humanidad mientras desayunamos un tierno croisan con mermelada. El gato Matías lo ve todo, y lo cuenta en lunfardo, pues el viaje empieza en Buenos Aires, y termina en…  Las cosas no son bonitas en la trastienda. Son como son (no como deberían ser, o como nos gustaría que fueran).  Pero no pueden ser redimidos aquellos que no saben que necesitan serlo.  Quizá la gran ballena Moby Dick nos pueda contar algo sobre eso con la voz de Matías Néspolo.  Quizá leer Siete maneras de matar a un gato nos ayude a ver algo mejor en la noche, esa noche argentina de luna pálida y sombras sin dueño .

*Foto de Tom Sodoge